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Puente de San Pedro (Pamplona)

Arquitectura de PamplonaPuentes de NavarraRío Arga
Pamplona Puente de San Pedro 2
Pamplona Puente de San Pedro 2

El puente de San Pedro es un puente románico de Pamplona (Navarra, España). Está situado en la calle Vergel y cruza el río Arga, conectando el barrio de la Rochapea con Aranzadi. Es el puente más antiguo de toda Pamplona. Cuenta con tres ojos de medio punto y tajamares en ángulo.[1]​ Junto a este puente hay una cruz de piedra idéntica a la que hay junto al puente de Santa Engracia.

Extracto del artículo de Wikipedia Puente de San Pedro (Pamplona) (Licencia: CC BY-SA 3.0, Autores, Material gráfico).

Puente de San Pedro (Pamplona)
Puente de San Pedro, Pamplona Chantrea

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Puente de San Pedro

Puente de San Pedro
31014 Pamplona, Chantrea
Navarra, España
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Fortificaciones de Pamplona
Fortificaciones de Pamplona

Las Fortificaciones de Pamplona comprenden el conjunto de construcciones defensivas que, desde la Edad Media y hasta el siglo XIX, protegieron la ciudad de Pamplona. En ellas pueden distinguirse, por una parte, las murallas que rodearon la ciudad; por otra, la ciudadela, que defendía el acceso suroeste y cuya construcción se inició en el siglo XVI; y, por último, dos fortines exteriores. Las fortificaciones medievales rodeaban los tres burgos que fueron unificados por Carlos III. Tras la conquista castellana (1512), las defensas se completaron con el llamado castillo de Santiago y, durante el reinado de Carlos V, quedaron reforzadas en sus cuatro frentes. Pero la renovación integral debe atribuirse a Felipe II, quien impulsó la construcción de la Ciudadela situada al suroeste. Su trazado corresponde al ingeniero militar italiano Giovan Paleari Fratino, y supuso la ampliación del conjunto adelantando los frentes del sur —la Taconera— y del oeste —San Nicolás—. La construcción de la Ciudadela comenzó en 1571 y las obras se dieron por terminadas en 1646; diez años después, con la construcción de los portales homónimos, se completarían las murallas de los nuevos frentes. La llegada de los Borbones a la monarquía española trajo consigo la influencia de la ingeniería militar francesa y flamenca. Así, bajo la supervisión del ingeniero general Jorge Próspero de Verboom, se elaboraron varios proyectos para la mejora de las fortificaciones. En el año 1726, Verboom remitió al rey el proyecto general que se seguiría durante todo el siglo xix, y que incluía el refuerzo del frente de Francia mediante baluartes bajos y fortines exteriores. A finales del siglo XIX, con motivo de la aprobación del Primer Ensanche de la ciudad, se derribaron parcialmente dos baluartes de la ciudadela y una parte de la muralla que los unía; a este derribo siguieron otros para ampliar el acceso a la ciudad y, posteriormente —en 1915—, se eliminó todo el frente sur de las murallas que rodeaban la plaza fuerte (el frente de San Nicolás, incluido el Baluarte de la Reina y el frente de Tejería), con el fin de permitir su expansión urbana mediante el Segundo Ensanche.​ Actualmente, de las fortificacciones históricas de las ciudad se conservan la Ciudadela, tal como quedó tras los derribos que permitieron el Primer Ensanche; las murallas que, al oeste y al norte, rodeaban el Casco Viejo de Pamplona; restos de las fortificaciones englobadas en el Parque de la Taconera; y un fortín exterior de los antiguos muros, situado cerca del vértice sudeste, junto con los restos de otro fortín más alejado al sur de la antigua plaza fuerte. Se mantienen, además, reconstruidos, los portales de San Nicolás​ y de la Taconera.​ El 25 de septiembre de 1939, el conjunto subsistente de las murallas de Pamplona obtuvo la catalogación de monumento nacional;​ posteriormente, el 6 de febrero de 1973, el Gobierno español declaró la Ciudadela monumento histórico-artístico de carácter nacional.​

Gaztetxe Maravillas
Gaztetxe Maravillas

El Maravillas es un gaztetxe (o casal social) ubicado desde el 3 de septiembre de 2017 en el Palacio del Marqués de Rozalejo, en el centro de Pamplona. El 17 de agosto de 2018 fue desalojado por la Policía Foral y la Policía Nacional[1]​ pero miembros del colectivo lo volvieron a ocupar el mismo día.[2]​ El 2 de diciembre de 2017, en la inauguración oficial del gaztetxe del casco antiguo de Pamplona, se hizo saber que el nombre de este centro sería Maravillas en honor de Maravillas Lamberto, una de las víctimas de la Guerra Civil en Navarra cuando apenas había cumplido los catorce años de edad. En el acto de inauguración en que se hizo público el nombre, participó la hermana de Maravillas, Josefina, que agradeció la dedicación entendiendo que la memoria histórica es necesaria para que no se olviden los crímenes cometidos en el pasado.[3]​ A través de los auzolanes -o jornadas de trabajo- la juventud y los colectivos del barrio convirtieron el espacio en un centro social. Las diferentes habitaciones del palacio se convirtieron en un comedor social, una taberna, una biblioteca, una aula donde se imparten clases de euskera o un banco de alimentos solidario.[4]​ En julio de 2018 el gobierno de Navarra de Geroa Bai, liderado por Uxue Barkos, pidió el desalojo del Maravillas como medida cautelar a través del Servicio de Patrimonio alegando que en el edificio tenía que ir el Instituto de Memoria Histórica.[5]​ Esto provocó tensión entre el partido y EH Bildu, sus socios de gobierno, que criticaron fuertemente la decisión y pusieron en valor el trabajo del gaztetxe dentro del tejido asociativo del casco antiguo de Pamplona.[6]​ Bajo la amenaza de un desalojo inminente, el gaztetxe afirmó en un comunicado que estaban abiertos al diálogo, y que volverían a abrir las puertas, así como que convocaban una manifestación de apoyo el día 25 de agosto. Finalmente, la madrugada del 17 de agosto, la Policía Foral y la Policía Nacional desalojaron el edificio, en la que sería una jornada de intensas cargas policiales y que acabaría con 22 personas identificadas. A la misma noche, el palacio sería reocupado por miembros del colectivo. Las reacciones de los partidos políticos fueron muy diversas: por un lado el Partido Popular de Navarra, el Partido Socialista de Navarra y la Unión del Pueblo Navarro celebraron el desalojo alegrándose de que se pusiera fin a una ocupación que consideraban ilegal y felicitando la policía por su buena actuación. Por su parte, Podemos de Navarra deseó que el edificio se acabara destinando a un proyecto con fines sociales y Geroa Bai justificaba el desalojo alegando que se había hecho siguiendo órdenes judiciales. Finalmente, los partidos Sortu, EH Bildu y Orain Bai denunciaron el desalojo y la violenta actuación policial. Unos años antes, en la misma ciudad, se había vivido un desalojo muy similar, el del gaztetxe Euskal Jai, en activo entre 1994 y 2004. En este caso fue Unión del Pueblo Navarro quién estaba al poder en el momento del desalojo.