Las Fortificaciones de Pamplona comprenden el conjunto de construcciones defensivas que, desde la Edad Media y hasta el siglo XIX, protegieron la ciudad de Pamplona. En ellas pueden distinguirse, por una parte, las murallas que rodearon la ciudad; por otra, la ciudadela, que defendía el acceso suroeste y cuya construcción se inició en el siglo XVI; y, por último, dos fortines exteriores.
Las fortificaciones medievales rodeaban los tres burgos que fueron unificados por Carlos III. Tras la conquista castellana (1512), las defensas se completaron con el llamado castillo de Santiago y, durante el reinado de Carlos V, quedaron reforzadas en sus cuatro frentes. Pero la renovación integral debe atribuirse a Felipe II, quien impulsó la construcción de la Ciudadela situada al suroeste. Su trazado corresponde al ingeniero militar italiano Giovan Paleari Fratino, y supuso la ampliación del conjunto adelantando los frentes del sur —la Taconera— y del oeste —San Nicolás—. La construcción de la Ciudadela comenzó en 1571 y las obras se dieron por terminadas en 1646; diez años después, con la construcción de los portales homónimos, se completarían las murallas de los nuevos frentes.
La llegada de los Borbones a la monarquía española trajo consigo la influencia de la ingeniería militar francesa y flamenca. Así, bajo la supervisión del ingeniero general Jorge Próspero de Verboom, se elaboraron varios proyectos para la mejora de las fortificaciones. En el año 1726, Verboom remitió al rey el proyecto general que se seguiría durante todo el siglo xix, y que incluía el refuerzo del frente de Francia mediante baluartes bajos y fortines exteriores.
A finales del siglo XIX, con motivo de la aprobación del Primer Ensanche de la ciudad, se derribaron parcialmente dos baluartes de la ciudadela y una parte de la muralla que los unía; a este derribo siguieron otros para ampliar el acceso a la ciudad y, posteriormente —en 1915—, se eliminó todo el frente sur de las murallas que rodeaban la plaza fuerte (el frente de San Nicolás, incluido el Baluarte de la Reina y el frente de Tejería), con el fin de permitir su expansión urbana mediante el Segundo Ensanche.
Actualmente, de las fortificacciones históricas de las ciudad se conservan la Ciudadela, tal como quedó tras los derribos que permitieron el Primer Ensanche; las murallas que, al oeste y al norte, rodeaban el Casco Viejo de Pamplona; restos de las fortificaciones englobadas en el Parque de la Taconera; y un fortín exterior de los antiguos muros, situado cerca del vértice sudeste, junto con los restos de otro fortín más alejado al sur de la antigua plaza fuerte. Se mantienen, además, reconstruidos, los portales de San Nicolás y de la Taconera.
El 25 de septiembre de 1939, el conjunto subsistente de las murallas de Pamplona obtuvo la catalogación de monumento nacional; posteriormente, el 6 de febrero de 1973, el Gobierno español declaró la Ciudadela monumento histórico-artístico de carácter nacional.